martes, 11 de mayo de 2010

LAS ULTIMAS: la vida es un poema

El tapete me lo mueven las pequeñas cosas, lo contrario de lo que una amiga me decía el otro día, refiriéndose al muñeco fálico de su novio. Me mueven los vinos compartidos, las comidas lentas, las películas grises, los tocadiscos ancestrales, los poemas de Plath o Vallejo, las caminatas parlantes, las ciudades oxidadas, la música de Bristol o Manchester, los oleajes nuevos, las fotografías sugestivas, las postales antiguas, los ademanes sexys, los libros de regalo, los cigarrillos mutuos, las medias negras y las faldas cortas, el amor y los abrazos de mi chica.



A inicios de año me propuse escribir mucho. He escrito mucho menos, de lo que he vivido estas últimas semanas. La poesía callejera siempre ha sido un elemento constante en mis días. Hay veces que conocer a alguien y, sostener, inevitablemente, una buena conversación me parece más fascinante que ver partidos de fútbol y andar apostando la vida en quinielas torpes. La vida, en definitiva, me parece un eterno poema. Un poema no tan surrealista, sino un poema vivo y orgánico que respira de otras vidas y se alimenta de otros sueños.

Este año, he tenido el honor de editar cuatro libros hasta la fecha y ha sido toda una experiencia muy excitante. Como muchos saben, AÑOSLUZ de Nicole Delgado, mi hermanita puertorriqueña querida; fue el libro de Vueltegato Editores que estuve presentando el último mes. La aventura de presentaciones fue toda una hazaña que hasta ahora empieza a cuajar y a dejarme sentimientos certeros después de tan inmensa y magistral parranda. Entre toda esa aventura, se realizó el VI Festival Internacional de Poesía de Quetzaltenango. La verdad, fue un festival muy intimista que nos dejó a todos los participantes, con un sabor ultrapoderoso en la boca y los sentidos. El Colectivo Metáfora, que organiza el festival, se lució por otro año consecutivo de una manera muy sutil y elegante. Para esta edición del festival, las lecturas estuvieron reducidas pero comprimidas en su esencia. Entre las lecturas públicas que tuve, la más significativa, para mi, fue la lectura del cierre del festival donde sentí un punch inmenso, directo al corazón, al momento de leer ALICIA ante más de cien personas que estaban reunidas bajo la lluvia en el Parque Municipal. Mil aplausos para Marvin García, encargado principal del festival, por toda su hazaña y para todos los involucrados en su realización, por hacer de la poesía una fiesta verdaderamente pública.

Alli, en la ciudad mágica de Xelatenango, tuve un encuentro con personas, más que poetas, excesivamente estimulante. Además de conocer su obra, tuve un contacto cercano con algunos de ellos (Los Chocoyos, por su apelativo circunstancial, jeje). Conocí personas fabulosas. Volví a coincidir con hermanos y hermanas de vida. Me adentré en los rincones de la palabra. La poesía, sencillamente, volvió a manifestarse en mi vida desde otros tiernos y perdurables elementos. Gracias Nicole por viajar desde añosluz a este círculo fantástico. Gracias Marré por el viaje y la soledad compartida. Gracias Héctor por viajar entre la furia poética de la madrugada. Gracias Mayra por la complicidad en resistencia. Gracias Alma Karla por las certezas. Gracias Magdalena por las sorpresas. Gracias Yaxkin por 6, el libro cartonero en el que estoy antologado. Gracias Lucy por el caribe fantástico. Gracias Reinier por los tragos de bartender. Gracias Roberto por la hermandad infatigable. Gracias Dorian por la combustión irremediable. Gracias Daniel por la poesía viva. Gracias Alan por la visita. Gracias a los del viento. Gracias a la palabra. Gracias a Isabel de los Ángeles Ruano. Gracias Marín, sos un genio compadre.



Dejando las gracias y los abrazos repartidos por la vida, el regreso a la ciudad ha estado difícilmente lleno de muchas responsabilidades nuevas. Pero al final, la energía nunca se acaba y sólo muta, se expande en direcciones nuevas. Esas direcciones desconocidas son sólo símbolos oscuros, decía alguien, no recuerdo quien, en un poema taciturno. La poesía está viva. Vive en cualquier rincón trepidante de este mundo. Los poemas son personas. Personas que uno conoce. La poesía arremete con todo. La poesía rige fecundamente todo. Y la vida, aunque parezca cursi, la vida es un poema salvavidas.


Ahora sólo quiero escuchar A Day In The Life de The Beatles y poder dormir tranquilo, imaginando un tierno abrazo de mi chica. Bye.