Y ellas, más hermosas que nunca; se estiraban, se contoneaban. Desplegaban sus húmedas cabelleras al viento, abrían sus garras acariciando la roca. Ya no pretendían seducir, tan sólo querían atrapar por un momento más el fulgor de los grandes ojos de... (El Silencio De Las Sirenas, Franz Kafka)
A R.,
Quisiera tener el lenguaje
para llegar a tu lengua madre, padre, o viceversa.
Pero ésta mi crucial alegría (o tristeza);
no es omnipresente ni mucho menos docta
para lograr entender esos diluvios tuyos,
ese arrebato bello en éxtasis, ésas mis míseras insípidas maneras.
Quisiera poseer la lingüistica
de los eruditos sin causa, o de los analfabetos.
Para construir una Muralla China;
o al menos una Pirámide (perfectamente) Egipcia o un Partenón
pero éstos mis manojos de momento no me dejan,
entender al menos que soy equivalente a nada, intuitivamente.
Quisiera ser acreedor de una límpida semántica
para que no te duela, para que no te dañe, para que no nos duela.
Pero hay una autopista esdrújula y tosca;
de dioses por guardar y otras (tantas) calamidades
que no nos dejan en silencio andar, sin contratiempos,
cómo es debido, cómo se debe, cómo la vida manda.
Y así yo pueda sostener una mirada tuya
y en mi bolsillo guardarla, cómo un divino amuleto.
Cómo una promesa sacra, cómo un refugio solemne;
sin absolutismos ni estrategias serias de por medio.
A R.,
Quisiera tener el lenguaje
para llegar a tu lengua madre, padre, o viceversa.
Pero ésta mi crucial alegría (o tristeza);
no es omnipresente ni mucho menos docta
para lograr entender esos diluvios tuyos,
ese arrebato bello en éxtasis, ésas mis míseras insípidas maneras.
Quisiera poseer la lingüistica
de los eruditos sin causa, o de los analfabetos.
Para construir una Muralla China;
o al menos una Pirámide (perfectamente) Egipcia o un Partenón
pero éstos mis manojos de momento no me dejan,
entender al menos que soy equivalente a nada, intuitivamente.
Quisiera ser acreedor de una límpida semántica
para que no te duela, para que no te dañe, para que no nos duela.
Pero hay una autopista esdrújula y tosca;
de dioses por guardar y otras (tantas) calamidades
que no nos dejan en silencio andar, sin contratiempos,
cómo es debido, cómo se debe, cómo la vida manda.
Y así yo pueda sostener una mirada tuya
y en mi bolsillo guardarla, cómo un divino amuleto.
Cómo una promesa sacra, cómo un refugio solemne;
sin absolutismos ni estrategias serias de por medio.