jueves, 21 de julio de 2016

#NEBULOSA

*
Atrapé una nebulosa
en las manos
en los dientes

Desperté un silencio
que era lejanía y vacío
era insomnio de otro sueño


Me encontré
abrigado en la intemperie

Intentando juntar palabras
que aún no dije




*
Mi melena es una nebulosa
que estalla en el vacío de la noche

Vamos a juntar estrellas nuevas
Vamos a irradiar como soles constelados

Soltar el cuerpo es efervescencia
Soltar la mente es cruzar los dedos

Esta noche saldré a la calle
a cazar Pokemonas con mi última mirada triste




*
En el Afrobeat
encuentro luminiscencia
y soledades bailando en cámara lenta

A veces
cuando llega la hora de dormir
un Fela Kuti triste me alumbra el sueño

A sus brazos me entrego
y la luz volátil me encandila parejo

No quisiera despertar
pero ese ritmito de bailar con ganas me despierta

miércoles, 20 de julio de 2016

DE NADA SIRVE

Como soy obsesivo
le doy play a una rola
y la observo crecer
Cuando llega a su ímpetu
la detengo y la vuelvo a poner


Esto lo hago todo el tiempo
No sé si es un ejercicio narrativo
una necedad
una egolatría
o una histeria que no logro calmar


Me pasa todo el tiempo
Lo hago y deshago sin pensarlo


De nada sirve encender una hoguera
en medio de la noche
si no hay piel que sienta su calidez
y ternura creciendo por debajo
Sentir ese calorcito áspero que todo lo ablanda


De nada sirve leer tanto libro
y tomar tanta cerveza oscura
Si en la oscuridad del silencio
no se dicen al menos
Algunas verdades

sábado, 9 de julio de 2016

JULIO

"The heart is a stone and this is a stone that we throw"
Victoria Legrand, Beach House




Uno empieza un mes
con la certeza de que los días se van rápido
y ya no son nuestros.
Se fueron. Se van.
Ya están lejos.

La distancia o esa permanencia inútil de estar cerca
es la constante y el delirio que provoca escribir
bonitas columnas de música,
acertados reportajes de arte para revistas,
ofertas, descuentos y campañas de un negocio que siento como mío.


Es que eso es uno.
Eso soy: un delirio en cada cosa a la que me entrego.
Puede ser un libro, un trabajo, una entrepierna rasurada
o un concierto que organizo con todas las productoras de este paisito.



Hago mucho, sí. Mucho.
Pero a veces siento que hago poco.
No importa. Julio empezó con su desdén de medio año y su solsticio de junio
que dice ser el más luminoso desde hace mucho tiempo.
Ya no creo nada.
Nada.


Creo en lo vivido
y en el empirismo de crecer a cada rato.
Creo que julio traerá cosas sublimes y mucho deephouse. Eso quiero:
Átomos eléctricos revolcándose a media risa y caricias apretadas a media cadera.


"¿A ver, Pablito, qué has hecho en lo que va de este junio?"
[La rola de Luomo truena riquísima de fondo]
No he hecho nada pero he hecho tanto
que no alcanzaría la memoria pa' recordar cada orgasmo.
[La vida es una constante y un orgasmo]


Empecemos con que julio
lo abrí en Río Dulce con amigos de vida
y con recuerdos salvajes, brisas exquisitas
y pláticas honestas a medio trago preparado.
Eso es sagrado [la muerte se desvanece.

Luego conocí las caderas de una panameña
que no quería separarse de mí a medio lunes.


Después ya no sé. Estoy harto.


Mis poemitas siempre terminan en confesiones
y me harto de que todo sea confesar estalactitas tristes.

Mejor vamos a ver un partido de básquet
y a soltar sonrisas frente al lago.

viernes, 24 de junio de 2016

21:40, o mis viernes son epistolares

"Take me out tonight
Where there's music and there's people
Who are young and alive".
The Smiths



Hay viernes
que me encierro a tomar cerveza
después de haber sentido la furia
de la poesía en un cielo azul
mientras regresaba en bici a mi casa
tras un ligero tráfico de media quincena
y miraba las piernas de una oficinista en minifalda
que esperaba a su marido
mientras le texteaba un te quiero
al amante que esperaba a su esposa
a tres cuadras de distancia.


Hay viernes
que pego la oreja a la pared del cuarto
y escucho como rechina la cabecera
mientras gime la prostituta
que el vecino invita cada quince días.
Los he contado, varias veces,
porque cogen los días
en los que yo fumo tabaco
y cuando rechino mi cama
él pega su oreja a la pared del cuarto
deseando estar con ella
o imaginando como soy
mientras mira su partido de básquet
o abre sus latas de cerveza barata en el silencio de la noche.


Pero bueno...

Hace una hora me llamó un amigo.
Me dijo "vamos a comer algo y a tomar unos vinos".
Le respondí "aquí te espero, tengo una carta que escribir
y no pienso terminarla hoy porque los viernes son duros".


Pasa que los viernes
la gente joven sale y taconea pasos electro
y repite canciones pop con su boca y yo me aburro.


Son las nueve y cuarenta y mi amigo no viene.


Pienso que también soy joven
pero a otro ritmo de tatuajes, drogas y ansiedad.
Hoy lo escribí en una de mis columnas de música
y pude sentir que me estaba desvistiendo frente a todos.


Pero bueno...

Escribir es desvestirse como en una carta inútil.


Mientras escribo esto mis libros de Teillier o Pizarnik
me observan con recelo desde la librera
y entonces prefiero darle otro sorbo a la cerveza clara
y encender otro Marlboro mientras espero con ganas.



No puede ser que mi amigo tarde tanto en venir.
No importa, yo espero.
Toda mi vida he esperado cosas que nunca llegan.
Algunas han llegado y las dejé ir
pensando que regresarían.
Nunca regresaron.


Hoy quiero bailar
y sentir que los días son sólo trámite luminoso
para seguir bailando (o brillando) en éxtasis,
para seguir mintiéndome que escribiré esa carta
o seguir posponiendo ese alivio trémulo
en donde inscribí mi sístole y mi diástole
en puras naderías.
Cosas banales,
tristes y solitarias
como escribir poesía.



Ya lo dijo Thom Yorke en una canción linda:
"I'm just passing time, this is not living"
y precisamente eso he estado haciendo.


Pero bueno...


Eso es parte de la carta.
Espero terminarla algún viernes.
No hoy.

Hoy quiero bailar
y ver las piernas de alguna de mis amigas,
a la que por alguna estúpida razón egoísta
le dije que quería estar solo pa' escribir
y que no viniera a verme.

viernes, 17 de junio de 2016

POEMA ARISCO (los tristes)

«For what feels like months
but really it's days».
James Blake






Casi siempre me encierro
a escuchar las mismas canciones.
Me dan horas en su repetida fórmula repetida.
Viajo y regreso del viaje como un insomne. Un fantasma.

Río. Sonrío. Descifro la melancolía y me pongo a olvidar.

Olvido. Es fácil.
Tan fácil como le pasaba a Cerati.
Me dan ganas de largarme, me quedo. Quiero entender.
Lo entiendo todo (Chopin, Nietzsche, De Lión). Ardo.


Me desintegro.
Me quedo escuchando un solo de Coltrane o Tame Impala en mi cabeza.
No importa. Sí importa.
Lo que más importa es que somos tristes moléculas encontrándonos.


Nos vemos en las exhibiciones.
Nos vemos en las inaguraciones de películas.
Nos vemos en las presentaciones de libros de amigos.
Nos palpamos, nos sentimos, nos tocamos las tristezas.

Sólo somos siluetas temerosas,
ruidos blancos sobre fondo negro,
estalactitas sonámbulas a medio sismo y turbias
constelaciones de rabia entrando en agujeros negros.


Sí, estoy arisco.
Estoy más triste que una colmena alucinógena.
Nunca entendí, nunca crecí con la certeza del amor al lado. Justo al lado.
¡Vamos, destrocemos el alba! ¡Rompamos poco a poco la luz que queda!


¿Querías ser dark? Es esto.
Nada más queda que un abrazo honesto.
Un poema desde mi colocha noche sonámbula y un par de cervezas tibias.

Tomátelas, por favor.
Si no, yo me las tomo
y terminaré recitando versos de Ginsberg o Kerouac toda la madrugada.


Arisco, sí, como somos cuando somos mientras bailamos lo que no bailamos.

sábado, 11 de junio de 2016

LOS TRISTES

Todo el tiempo me pregunto
de dónde viene tanta tristeza
y las ganas de tirar piedritas
a una ventana en la que no hay nadie.

Atardece.

El celaje es profundo detrás del fonema de la lluvia.
Somos salvajes aguaceros con eterno degradé
que acampa emotivamente en el olvido.


El milagro ocurre cuando nos vemos a los ojos.
El milagro es una paradoja lamiéndose los pezones.


Todo el tiempo me hago preguntas
y las respuestas me llevan a un desierto trasnochado.
Deseemos que esas piedritas que lanzo
vayan a caer a alguna parte.


Anochece.
La eternidad es una nebulosa furibunda.
Quisiera viajar al Sur y ver tormentas eléctricas de cerca.
Quisiera pensar que no todos mis pensamientos son tristes.

Los tristes.
Los rotos desplumados
donde el sol no acaricia con sus dardos iluminados.
Los tristes. Los menos fatuos. Los ensimismados en su reminiscencia.

miércoles, 1 de junio de 2016

JUNIO

Esperé a que pasara la lluvia, esperé un buen rato.

Adelanté cosas del chance pero me aburrí de esperar
y lo único que quise fue mojarme con una rola de Beth Gibbons
tronando en los audífonos rojos, esos salvajes concretismos tristes.


Esperé.
Esperé un par de horas y valió la pena.

Pocos carros, poquísimos, obviando en tirarte a la mierda
porque andás en bici y sos un pinche vulnerable.
Pero Thom Yorke fue el exceso, la guinda en el pastel
de todas las ansiedades más tristes y voluminosas y exactas.

The Eraser.
Luego Atoms.
Después el último de Radiohead.


La calle brillaba de sólo cosas lindas.
La noche estaba fresca como para andar diez horas en la bici
sintiendo la brisa, la música, la paz, ese momento ansiado a poca luz.

Todo fue certezas.
Todo fue un dejavú futuro.

Manejar con las manos al viento a media calle y en la ciclovía.
Pedalear insistentemente pa' dejar que junio se asomara con su magia.

Fue luz.
Fue soledad exquisita y tibio fogonazo de verdades a destiempo.


Ya.
Se fue mayo.

En el desapego está el fulgor.
En la bienvenida está el adiós.