sábado, 11 de noviembre de 2017

VIRUS al atardecer



Me volví loco
entre sus piernas.

Le rasgué las medias
como canción de Soda.
Le encendí el fuego apagado
de su rincón más y más austral.

Así, nos fuimos yendo al más allá
entre canciones de Nina y LCD Soundystem.

Todo fue una maravilla,
un elixir embriagante y adormecedor
que nos encontró a las seis de la mañana
desparramados y cansados y tibios y desnudos.

Pero...
Su sonrisa fue una mala jugada,
una maldición gitana,
un temblor de dioses griegos
y un brillo en los ojos
que despertó a las bestias del Olimpo.

Ahí empezó el drama.
Los adioses convulsos,
la cuchillada bajo la mesa del mantel.


No supe que hacer.
Solo surfeé como pude:
Elegancia, calma y observación.


Le dije: "ojalá te vea pronto",
pero ambos sabíamos que era una mentira,
una gran hecatombe existencial.


Igual, no importó.
Cuando se fue puse Virus y Serú
y bailé todo el resto del atardecer.

viernes, 20 de octubre de 2017

REVOLUCIONES POR MINUTO



Escuchar Cerati
mientras la luz del sol se empieza a desvanecer.


Bailar Fela Kuti
cuando te das cuenta que te cortaron la luz y el agua.


Tripear The National
en tu soledad irremediable de ventanas desde un piso quince.


Escuchar Radiohead
cuando te enterás que tu ex se va a casar y te está mandando emojis.


Bailar The Smiths
en el momento que tu mejor amigo te dice que siempre estuvo enamorado de vos.


Gozarte Bob Marley
y enterarte que esa rola famosa no la compuso él ni tampoco su ghetto.


Poner The Clash
con la chava más punk y hot de la historia... y que no se te pare por tanta coca juntos.


Escuchar Calle 13
y pretender que te sabés la canción, pero nel, tenés ganas de escuchar Manu Chao.



sábado, 7 de octubre de 2017

LOS SÁBADOS son azules




Pareciera que todos los sábados son azules
sin importar el año, el lugar o el peso de la vida.


Recuerdo que era el año 1999
y estábamos en Atitlán más o menos perdidos.

Le leía y releía poemas de Huidobro a Mona.
Mona fue una fotógrafa que conocí antes de abandonar la carrera.

Por esos años tenía una obsesión con los chilenos.
De Roca, Teillier, Parra, Neruda, Lihn, Rojas, Bolaño.

Todos sus poemas me parecían azules
como el vasto peso de una mirada sobre la marea de un cráter dormido.

Después de eso todo lo que hice fue buscar estrellas perdidas.
Nada volvió a ser lo mismo y me puse a hacer las pases con cualquier pelirroja.

Todo fue un regurgitar de violencias vencidas y de cabos rotos.
La madrugada de un domingo me encontré escuchando Sui Generis sin ganas.

Así que vomité todos los adioses
como si fueran innecesarios.

Me dilapidé una fiesta de caracteres
y me puse a bailar desnudo a la hora del alba.

Con todo lo que perdí
construí un castillo roto pero espléndido.

Desvestí más mujeres
de lo que imaginan todos los marineros.

Escribí plétoras, sismos, hecatombes.
Fui Fénix una y otra vez entre los más deliciosos escombros.

Ya nada me sorprende.
Solamente las piernas abiertas de una mujer sobre mi boca.


A veces pareciera que todos los sábados son azules.
Pero no.

Todos los sábados son melancolías pasajeras
porque mañana será domingo.

Y habrá sol.
Y habrán muchas más mujeres y libros donde perderse de nuevo.

domingo, 1 de octubre de 2017

OCTUBRE, libros y un recuerdo


No quiero ir nada más que hasta el fondo.
Alejandra Pizarnik




Cualquier parecido
con la realidad
es un pretexto.

Hay una araña roja
en mis sueños
que me mira.
Siento rabia
por querer matarla
y no puedo.
Mi cuerpo se inmoviliza.
Mi mirada se pierde en sus patitas.

Cualquier parecido
con lo inhabitable
es un recuerdo.

Abro el libro de Bolaño
y respiro horror
mezclado con cerveza.
Camino a la cocina
y abro otra botella
antes de paralizarme al recordar a Chejov.
La noche se agita como un mar de seda eterna.
La araña vive en mi librera, es su casa, y me observa.

Ya es octubre.
Los días pasaron como coágulos fétidos
de un amor que se desangró con polillas.

Estoy por irme de donde vivo.
Tengo que empacar más de mil libros y meterlos en cajas.
Afuera llueve, mi carro está varado y mi pasaporte vencido.

No sé si realmente quiera irme de donde vivo.
No sé si realmente quiera empacar los libros de Pizarnik.
No sé si realmente quiera matar a la araña roja que me observa.

Ya es de mañana otra vez.
La música de mi amigo Alex explota desde el estéreo
y estoy seguro que pasado mañana todo esto será solo un recuerdo.

viernes, 1 de septiembre de 2017

AFIRMACIONES sobre los comienzos

*
Vamos a besarnos con ese rico temblor de los comienzos.


*
Somos un enjambre
de ronroneos, mares y deseos.

Abriéndose entre la marea de los cuerpos.


*
Somos la promesa de un comienzo y la bienvenida al más duro de todos los adioses.


*
Somos un manojo de ansiedades y una turbulencia antes de un aterrizaje forzoso.


*
Toda despedida es una suposición... de un comienzo.


*
Somos cenizas de otros fuegos.


*
Hay calles que nunca caminaremos dos veces.


*
No hay otros Fénix que vengan a palidear nuestro descenso.
¡A levantar esas alas!
He dicho.


*
Lo que necesito son tus piernas bajo las sábanas. O un güisqui doble.


*
Haz lo que tengas que hacer,
espera lo que tengas que esperar,
busca a quien tengas que buscar.

Pero despéinate primero.


*
Todas mis ganas están puestas en tus ojos futuros.
Los que no conozco.


*
Después de todo esto no volveremos a ser los mismos.

*
Lo bueno de desactivar todas tus notificaciones, es que ahora tengo tiempo para ver más memes.


*
—Te quiero.
—¿Desvestir?


*
Hay vacíos que no se llenan nunca.
Es mejor aprender a vivir con ellos.


*
Somos lo que nunca imaginamos,
como una canción tibia y confortante
que siempre estuvo en nuestro playlist.


*
Tu nombre rebota a kilómetros luz en mi cabeza.


*
Soy de corazón frío, pero me arden las manos.


*
Aquí, casual: No tengo quien me espere ni a nadie a quien esperar.


*
¡Vamos por un helado y anestesiemos este libreto lleno de decepciones!


*
Decir adiós
es quedarse con la mirada en blanco.
Con las heridas húmedas y el semen intacto.
Con la certeza de que una ventana se abre y,
por más que parezca difícil el horizonte,
hay mar que refresca la mirada.


*
Hace 2 años me tocó cerrar una puerta y, se abrieron otras.
Todo el tiempo cerramos y abrimos puertas.
A veces solo se abren. Y se cierran.


*
Dejaste un incendio.
Acá dentro.


*
Incendiemos la noche con emojis.

viernes, 11 de agosto de 2017

UNA TEMPESTAD llamada Scarlatti y otra llamada Brahms


Birthdays was the worst days.
Now we sip champagne when we thirsty.
The Notorious B.I.G.




A aquellos y aquellas
que creen que les falta talento...




Si vas a escribir
aseguráte de martillar hasta el fondo
y de propiciarle una buena golpiza a tus miedos.
Dale prioridad al impulso, al fuego y al desasosiego
que es lo único que te mantiene vertical
y preguntándote si tal vez, mañana habrá un mañana.

Mañana,
cuando salga el sol
estarás profundamente dormido
pero estoy seguro que habrás escrito una sonata,
una tempestad llamada Scarlatti y otra llamada Brahms
en tu documento de Word todavía abierto en la laptop moribunda.

Cuando lo leás, sabrás que habrá valido la pena.
Que el impulso que te sostuvo toda la madrugada
será un desavenido recuerdo, borroso y tibio delirante.
Sabrás que todo el Chet Faker y el Kendrick Lammar
que te metiste en los oídos
hicieron su efecto.


Si vas a escribir
aseguráte de dejarlo todo sobre las teclas.
No seás de esos tuiteros que le dan vueltas al martillo
con el que les urge romper las cuerdas de una madera rimbombante.
Olvidáte de quien te lee, olvidálos a todos, no hay nadie.
Solo sos vos y tu repicar constante a solas con el universo.


De nada sirve decir:
"Procuraré quererte como los marineros torpes en la costa asidua".

Es mejor sumergirte en los súperbajos del Drake más tosco
mientras la oscuridad decae hasta volverse luminosa y tierna.


Si vas a escribir
aseguráte de no pimpear tus imperfecciones,
dejálas crudas y obtusas y crispantes en cada simetría.
Todo aforismo y haikú surgió de los más turbios excesos.
No miento, para qué mentir a estas horas de los escombros.
Solo te estoy dando cafeína para tus mañanas torpes y vagabundas.


¡Vamos!
Suspendéte en el aire que es tu infierno y paraíso.
Ningún Chopin o Nas salió a salvo del estruendo,
pero la ternura, oh, la ternura.
A ella nunca la olvidés ni le soltés la mano, te lo pido.
Cualquier canción de Tupac o Lil Wayne te lo confirma.


¡Vamos!
Abrí otra cerveza y olvidáte de una vez por todas
de esas decepciones que te sucumben la trompa.

Despojá tu corazón del maullido de gatos
que ofuscan todos tus recuerdos torpes y miopes.
La vida es una tempestad que se celebra y se agoniza.

La vida es una tempestad
por la que muchos pasaron
mientras dejaban su piel en cada grito de angustia.

La angustia y la zozobra,
son solo maneras de recorrer una isla atrofiada
en tu corazón colapsado de desencanto y llanto.


¡Vamos!
Tomáte la penúltima cerveza
y recibí el último ritual de tu existencia.

Sos nebulosa y estallido.
Sos volcán acérrimo y lisérgico en la lengua.
Sos mar estallando en tsunami de provocaciones.


¡Escribí!
Eso te toca,
dejar de menguar tus salvajismos y tus proezas.


Aflorálo todo en la superficie de la nausea.
Dejá que el vacío te aplauda y adormezca,
poné Coltrane y balbuceá universos como si fueran pequeñas Vías Lácteas.

lunes, 7 de agosto de 2017

HOUELLEBECQ perdido en lisérgicos


Hay canciones
que uno prefiere
evitar en una fiesta.

Uno ya está viejo,
y corresponde a estímulos,
no todos son bien recibidos.

Uno ha vivido cientos-ciertos
desaciertos que se desvanecen
no con música, claro, de David Bowie o Bob Marley.

Uno va al supermercado, por ejemplo,
y pide media libra de pollo
sin pensar en el hambre denso de mañana en la mañana.

Uno solo pide,
pide cosas y tonaditas que nadie celebra o entiende.
Uno es como un Houellebecq perdido en lisérgicos.


Bien. Mal. No importa.
Uno llega al supermercado
y compra dos botellas de ginebra destiladas en República Checa.

No importa de dónde sean,
la verdad es que uno quiere estar en su momento.
Bien puede ser una fiesta de electro escandinavo o house ruso.

No importa.
Todo va y nada importa.
Lo que importa es el fuero con el que se rijan honestamente los excesos.


Pero hay canciones, sí,
que uno prefiere evitar en una fiesta.
No digamos esas que te avalanchan contra el muro de los lamentos.

O esas que te cohiben
frente a la falda chiquitita de la chica que te gusta.
Por eso es mejor hilvanar sonatas y rocanroles bemoles.

Uno se va haciendo de canciones y rituales propios
con el pasar de los turbomofles y toditas las megalomanías.
Uno debe invocar guerra y paz, como Tolstói, en su epicentro.

O meterse doble dosis de efedrina
para contrarrestar los sobresaltos de vivir
en un país en el que te desintegran por nada y por todo.


Así que si la noche está potente.

Ve a casa o al baño, y dosifícate una dosis extra de tu Spotify.
Eso es mejor que sentir los espejismos mal sonoros acechándote a solas.
O a medio agarrón, de esos inolvidables, con la mujer que verdaderamente te gusta.