sábado, 9 de julio de 2016

JULIO

"The heart is a stone and this is a stone that we throw"
Victoria Legrand, Beach House




Uno empieza un mes
con la certeza de que los días se van rápido
y ya no son nuestros.
Se fueron. Se van.
Ya están lejos.

La distancia o esa permanencia inútil de estar cerca
es la constante y el delirio que provoca escribir
bonitas columnas de música,
acertados reportajes de arte para revistas,
ofertas, descuentos y campañas de un negocio que siento como mío.


Es que eso es uno.
Eso soy: un delirio en cada cosa a la que me entrego.
Puede ser un libro, un trabajo, una entrepierna rasurada
o un concierto que organizo con todas las productoras de este paisito.



Hago mucho, sí. Mucho.
Pero a veces siento que hago poco.
No importa. Julio empezó con su desdén de medio año y su solsticio de junio
que dice ser el más luminoso desde hace mucho tiempo.
Ya no creo nada.
Nada.


Creo en lo vivido
y en el empirismo de crecer a cada rato.
Creo que julio traerá cosas sublimes y mucho deephouse. Eso quiero:
Átomos eléctricos revolcándose a media risa y caricias apretadas a media cadera.


"¿A ver, Pablito, qué has hecho en lo que va de este junio?"
[La rola de Luomo truena riquísima de fondo]
No he hecho nada pero he hecho tanto
que no alcanzaría la memoria pa' recordar cada orgasmo.
[La vida es una constante y un orgasmo]


Empecemos con que julio
lo abrí en Río Dulce con amigos de vida
y con recuerdos salvajes, brisas exquisitas
y pláticas honestas a medio trago preparado.
Eso es sagrado [la muerte se desvanece.

Luego conocí las caderas de una panameña
que no quería separarse de mí a medio lunes.


Después ya no sé. Estoy harto.


Mis poemitas siempre terminan en confesiones
y me harto de que todo sea confesar estalactitas tristes.

Mejor vamos a ver un partido de básquet
y a soltar sonrisas frente al lago.