miércoles, 5 de abril de 2017

HOY es noche y hace frío


A man could lose his identity fucking around too much”.
Charles Bukowski




Tuve mujeres,
anhelos de futuro,
deseos frustrados,
cambio de planes
y escritos muy malos sobre la ternura
que hice con la voracidad y veracidad
de quien lo tuvo todo y sonríe al viento.

Tuve nubes, cielos falsos, luces neón,
mandalas que se estrechaban al vacío
de las ganas y las ansiedades.
Tuve promesas que pensé
germinarían en el corazón más cauteloso.
Tuve símbolos en los poros
y rabia por salir huyendo del país de sus piernas, rápidamente.


Tuve madrugadas duras
y otras más dulces que un algodón de azúcar
a las que agradezco haber tenido Vodka o Gin
para dejar sumergir sueños tibios en su alivio.
Tuve noches cubiertas de alucinación o universo
y caminatas oscuras por calles
que preferí olvidar hace mucho tiempo.


Tuve eso y mucho más.
Tibias colmenas de deseo en la trompa abierta,
burbujas de miedo y mediocres ajetreos sin culpa.
Tuve glorias infinitas
que brillaron más que el sol de aquel eclipse del 91.
Tuve quietud de árboles, murmullo de orgasmos
y plenitud con claros de luna brutalmente espléndidos.


Tuve sonatas exquisitas de Bach
y canciones de Spinetta que duraron mil años.
Tuve manzanas y manjares,
bebidas que iban y venían
con la eternidad de una galaxia
o lo que dura una sonrisa fugaz
a media noche bajo el insoportable calor del trópico.

Tuve momentos de dormir
y días plácidos para desvestir jovencitas.
También tuve llanto y alquitrán maremoto en los dedos.
Tuve un iceberg que se derritió como polo abierto
cuando menos lo esperaba y gimió con su abrupto deshielo.
Parió felicidades y sonrisas. Las sentí de sorpresa. Todo fue ganancia.


Tuve mujeres,
muchas mujeres y amigas de paso que paseaban sobre mi pálido pecho.
Todas fueron elementales como poemas abiertos y canciones perfectas,
vendaval de explosiones
que se hicieron recuerdo.
Tuve tanto y todo lo perdí ingratamente.
Pero perder siempre significó ganar cuesta arriba.


Tuve mujeres,
así como tú tuviste hombres.
Huracán de cuerpos y músculos fornidos
dispuestos a regalarte un tierno abrazo
a la hora en la que todo
parecía desvanecerse
como un tren descarrilado y miope.


Por eso hoy,
que estás aquí,
déjame decirte tres cosas:


Voy a susurrarte al oído un poema de Pizarnik.

Quiero que me cantes una cursi de Shakira y que bailemos un reguetón lento.


Vamos.
Incendia mi abrazo
y despertemos hasta que todo el vacío se disuelva.