martes, 16 de junio de 2015

en bloomsday todas las chiquillas gritan su nombre

leo
es papá
de dos hijos
una se llama beatriz
el otro ernesto
todos los días
se despierta
a las siete
y muerde
el polvo
de la desdicha
con el martilleo
del despertador
que gime como gato
arañando el violín
más áspero
de la hora pico
en una vida
interrumpida
de libros y mujeres
rondando
en su cabeza
bajo la ducha
pasa minutos
masturbando
las ansias
imaginando
los logros
que pudo
haber
tenido
de no
haber
embarazado a jimena

los huevos se le hinchan de sangre
y la boca empieza a salivar burbujas espesas
y la rabia se le sube como trueno a la cabeza
luego ordena papeles
se mentaliza fielmente
y al rato se calma
con la voz dulce
de la pequeña beatriz
al otro lado
del pequeño
apartamento
todo es vendaval
de símbolos y fortunas
que lo traen de vuelta al presente
de huevos revueltos
cereal
y leche
a la hora de irse
al trabajo
a la mierda
y a dejar a
los niños
al mismo
tiempo
que besa a jimena
con el amor
en automático
conduce al cole
donde deja
a los peques
con una sonrisa
errónea
fulminante
y vaciada de entusiasmo

todo es un paisaje frío
parecido al dublín
de joyce
de junio
dieciséis
un invernadero
de arrumacos
un hervidero
de pesimismos
un horno apagado
y con platos sucios
cuando llega
al trabajo
y saluda a mayra
su eterna minifalda
en secretaria
que le devuelve
el saludo
con el calzoncito
tropical
nuboso
a la mitad
de las piernas

y
así
pasa
el día leo
rumiando
recuerdos
y firmando
documentos
que le recuerdan
a borgesábato
y cortázar
con su diadema
juvenil llena de gûaro
y mujeres
chiquillas
que gritan su nombre
en lo espeso de la noche
donde las carcajadas
y los retruécanos azules
son ahora una cicatriz
de lo que pudo
ser una fiesta
un bloomsday
en un lejano
país
con
vista al desarrollo
mientras su mujer
duerme
y él se acaricia
tierna y suavemente
el vello negro
de la pija.