Escribir en cualquier momento. Bajo la lluvia, de cenizas o de agua. Bajo el instinto precario de querer decirlo todo. Bajo el incesante miedo de que el presente se rompa en mil pedazos. Escribir bajo presión. Bajo el piano vital de la melancolía. Bajo los síntomas de la intuición. Bajo la rueda de Hesse. Bajo la ambivalencia del mundo. Bajo la ternura de una sombrilla cubierta de sueños. Soy una esquirla de deseos, soy un átomo en erupción. Anoche escribí un poema que se titulaba “arena”. Es muy probable que se convierta en un libro con poemas sobre el olvido. La última semana fue una semana extraña, llena de accidentes fatales en la memoria. Fue una semana feliz, pero inconstante. El amor debería de ser un salvavidas, un arribo constante, un impermeable. Ha veces pienso que todo se deteriora y la felicidad es sólo un estado de incongruencias. La lógica no existe en la felicidad. Los libros de la buena memoria, diría Luis A. Spinetta. Últimamente he vuelto ha escuchar música que tenía olvidada en mi equipaje. Quisiera ir al mar. Quisiera ir a una isla. Anoche estuve viendo itinerarios de viajes imposibles. Los adjetivos ciertas veces son torpes. Necios. La lluvia no se detiene. La lluvia es una necedad insolente durante estos meses. Mayo. Certezas. Junio: medio año. Noche de luz, añosluz. La literatura es un abrigo. Calambres en el alma. Los huesos rotos de una canción en frío descenso. Mirador: me urge verte. Tengo selvas en las manos. Tengo partituras con oleaje perfecto. Tengo abismos sin miedo. Nadaremos en la profundidad de los despertares. Esperaremos que la lluvia cese. El tibio regocijo de los comienzos. Esta mañana desperté con una tristeza enorme. ¿Tendré fonemas para balbucear entre el silencio? No puede ser que la felicidad nos dure tan poco. Este arrebato de letras y obsesiones. Este anuncio de cambio de valija. Vamos al mar. Juguemos a vernos las caras desde otros caleidoscopios. Juguemos a hacer castillos negros con la negra arena de los finales. La mañana me parte en dos. Dos cartas con libros guardados en el cajón de los posibles. Jarvis Cocker. Steve Patrick Morrisey. Una entrevista. Dos aciertos en las manos. Bombas eróticas. Metralletas cursis. Un poema se desdibuja en la ventana. Preludio inevitable de los días que acontecen. La mañana es un eclipse en el corazón. Una balada synthpop en las ansias. Anoche quise decirte muchas cosas. Anoche. Bajo la lluvia. Bajo el ruedo por ti y Calamaro en el pulso retórico del recuerdo. Arena en las manos. Tengo arena en la sangre, tengo arena en el talvez. Hay laberintos en mis pasos. A dos pasos de la tranquilidad. Somos productivos construyendo nuestros dramas. La mañana es lenta. Lenta travesía por el futuro que es cualquier cosa. Escribo en cualquier momento. Bajo la lluvia, de incertidumbres y de excesos. Bajo el instinto precario de no querer decir lo que se dice. Siempre hay sombras. Bajo el incesante miedo de que las sospechas estallen en rabia y verdad. Escribir bajo los pianos del alma. Bajo los escombros del olvido negro que es ceniza que es viaje que es silencio. Escribir bajo los símbolos oscuros de la intención. Escribir tocando los extremos del universo. Escribir sin prisas, sin miedos, sin ruidos infantiles bajo presión. Escribir solamente. Escribir cenizas negras bajo la lluvia. Escribir recetas tibias para el corazón.
sábado, mayo 29
martes, mayo 11
LAS ULTIMAS: la vida es un poema
El tapete me lo mueven las pequeñas cosas, lo contrario de lo que una amiga me decía el otro día, refiriéndose al muñeco fálico de su novio. Me mueven los vinos compartidos, las comidas lentas, las películas grises, los tocadiscos ancestrales, los poemas de Plath o Vallejo, las caminatas parlantes, las ciudades oxidadas, la música de Bristol o Manchester, los oleajes nuevos, las fotografías sugestivas, las postales antiguas, los ademanes sexys, los libros de regalo, los cigarrillos mutuos, las medias negras y las faldas cortas, el amor y los abrazos de mi chica.
A inicios de año me propuse escribir mucho. He escrito mucho menos, de lo que he vivido estas últimas semanas. La poesía callejera siempre ha sido un elemento constante en mis días. Hay veces que conocer a alguien y, sostener, inevitablemente, una buena conversación me parece más fascinante que ver partidos de fútbol y andar apostando la vida en quinielas torpes. La vida, en definitiva, me parece un eterno poema. Un poema no tan surrealista, sino un poema vivo y orgánico que respira de otras vidas y se alimenta de otros sueños.
Este año, he tenido el honor de editar cuatro libros hasta la fecha y ha sido toda una experiencia muy excitante. Como muchos saben, AÑOSLUZ de Nicole Delgado, mi hermanita puertorriqueña querida; fue el libro de Vueltegato Editores que estuve presentando el último mes. La aventura de presentaciones fue toda una hazaña que hasta ahora empieza a cuajar y a dejarme sentimientos certeros después de tan inmensa y magistral parranda. Entre toda esa aventura, se realizó el VI Festival Internacional de Poesía de Quetzaltenango. La verdad, fue un festival muy intimista que nos dejó a todos los participantes, con un sabor ultrapoderoso en la boca y los sentidos. El Colectivo Metáfora, que organiza el festival, se lució por otro año consecutivo de una manera muy sutil y elegante. Para esta edición del festival, las lecturas estuvieron reducidas pero comprimidas en su esencia. Entre las lecturas públicas que tuve, la más significativa, para mi, fue la lectura del cierre del festival donde sentí un punch inmenso, directo al corazón, al momento de leer ALICIA ante más de cien personas que estaban reunidas bajo la lluvia en el Parque Municipal. Mil aplausos para Marvin García, encargado principal del festival, por toda su hazaña y para todos los involucrados en su realización, por hacer de la poesía una fiesta verdaderamente pública.
Alli, en la ciudad mágica de Xelatenango, tuve un encuentro con personas, más que poetas, excesivamente estimulante. Además de conocer su obra, tuve un contacto cercano con algunos de ellos (Los Chocoyos, por su apelativo circunstancial, jeje). Conocí personas fabulosas. Volví a coincidir con hermanos y hermanas de vida. Me adentré en los rincones de la palabra. La poesía, sencillamente, volvió a manifestarse en mi vida desde otros tiernos y perdurables elementos. Gracias Nicole por viajar desde añosluz a este círculo fantástico. Gracias Marré por el viaje y la soledad compartida. Gracias Héctor por viajar entre la furia poética de la madrugada. Gracias Mayra por la complicidad en resistencia. Gracias Alma Karla por las certezas. Gracias Magdalena por las sorpresas. Gracias Yaxkin por 6, el libro cartonero en el que estoy antologado. Gracias Lucy por el caribe fantástico. Gracias Reinier por los tragos de bartender. Gracias Roberto por la hermandad infatigable. Gracias Dorian por la combustión irremediable. Gracias Daniel por la poesía viva. Gracias Alan por la visita. Gracias a los del viento. Gracias a la palabra. Gracias a Isabel de los Ángeles Ruano. Gracias Marín, sos un genio compadre.
Dejando las gracias y los abrazos repartidos por la vida, el regreso a la ciudad ha estado difícilmente lleno de muchas responsabilidades nuevas. Pero al final, la energía nunca se acaba y sólo muta, se expande en direcciones nuevas. Esas direcciones desconocidas son sólo símbolos oscuros, decía alguien, no recuerdo quien, en un poema taciturno. La poesía está viva. Vive en cualquier rincón trepidante de este mundo. Los poemas son personas. Personas que uno conoce. La poesía arremete con todo. La poesía rige fecundamente todo. Y la vida, aunque parezca cursi, la vida es un poema salvavidas.
Ahora sólo quiero escuchar A Day In The Life de The Beatles y poder dormir tranquilo, imaginando un tierno abrazo de mi chica. Bye.
A inicios de año me propuse escribir mucho. He escrito mucho menos, de lo que he vivido estas últimas semanas. La poesía callejera siempre ha sido un elemento constante en mis días. Hay veces que conocer a alguien y, sostener, inevitablemente, una buena conversación me parece más fascinante que ver partidos de fútbol y andar apostando la vida en quinielas torpes. La vida, en definitiva, me parece un eterno poema. Un poema no tan surrealista, sino un poema vivo y orgánico que respira de otras vidas y se alimenta de otros sueños.
Este año, he tenido el honor de editar cuatro libros hasta la fecha y ha sido toda una experiencia muy excitante. Como muchos saben, AÑOSLUZ de Nicole Delgado, mi hermanita puertorriqueña querida; fue el libro de Vueltegato Editores que estuve presentando el último mes. La aventura de presentaciones fue toda una hazaña que hasta ahora empieza a cuajar y a dejarme sentimientos certeros después de tan inmensa y magistral parranda. Entre toda esa aventura, se realizó el VI Festival Internacional de Poesía de Quetzaltenango. La verdad, fue un festival muy intimista que nos dejó a todos los participantes, con un sabor ultrapoderoso en la boca y los sentidos. El Colectivo Metáfora, que organiza el festival, se lució por otro año consecutivo de una manera muy sutil y elegante. Para esta edición del festival, las lecturas estuvieron reducidas pero comprimidas en su esencia. Entre las lecturas públicas que tuve, la más significativa, para mi, fue la lectura del cierre del festival donde sentí un punch inmenso, directo al corazón, al momento de leer ALICIA ante más de cien personas que estaban reunidas bajo la lluvia en el Parque Municipal. Mil aplausos para Marvin García, encargado principal del festival, por toda su hazaña y para todos los involucrados en su realización, por hacer de la poesía una fiesta verdaderamente pública.
Alli, en la ciudad mágica de Xelatenango, tuve un encuentro con personas, más que poetas, excesivamente estimulante. Además de conocer su obra, tuve un contacto cercano con algunos de ellos (Los Chocoyos, por su apelativo circunstancial, jeje). Conocí personas fabulosas. Volví a coincidir con hermanos y hermanas de vida. Me adentré en los rincones de la palabra. La poesía, sencillamente, volvió a manifestarse en mi vida desde otros tiernos y perdurables elementos. Gracias Nicole por viajar desde añosluz a este círculo fantástico. Gracias Marré por el viaje y la soledad compartida. Gracias Héctor por viajar entre la furia poética de la madrugada. Gracias Mayra por la complicidad en resistencia. Gracias Alma Karla por las certezas. Gracias Magdalena por las sorpresas. Gracias Yaxkin por 6, el libro cartonero en el que estoy antologado. Gracias Lucy por el caribe fantástico. Gracias Reinier por los tragos de bartender. Gracias Roberto por la hermandad infatigable. Gracias Dorian por la combustión irremediable. Gracias Daniel por la poesía viva. Gracias Alan por la visita. Gracias a los del viento. Gracias a la palabra. Gracias a Isabel de los Ángeles Ruano. Gracias Marín, sos un genio compadre.
Dejando las gracias y los abrazos repartidos por la vida, el regreso a la ciudad ha estado difícilmente lleno de muchas responsabilidades nuevas. Pero al final, la energía nunca se acaba y sólo muta, se expande en direcciones nuevas. Esas direcciones desconocidas son sólo símbolos oscuros, decía alguien, no recuerdo quien, en un poema taciturno. La poesía está viva. Vive en cualquier rincón trepidante de este mundo. Los poemas son personas. Personas que uno conoce. La poesía arremete con todo. La poesía rige fecundamente todo. Y la vida, aunque parezca cursi, la vida es un poema salvavidas.
Ahora sólo quiero escuchar A Day In The Life de The Beatles y poder dormir tranquilo, imaginando un tierno abrazo de mi chica. Bye.
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