jueves, agosto 26

A DOS PASOS, musical e íntimo


Hablar de mis libros me encanta. Es como hablar de otra literatura abstrayéndome de mi literatura. Es ver, en segunda y tercera persona, mis propios bocetos y mapas literarios. Es como descifrar un enigma que conozco de memoria, que de alguna manera me tiene ocupado y preocupado por su disolución atemporal. Si, a pesar de lo complicado que pueda resultar ser Pablo Bromo, soy una persona muy natural y muy realista. Me gusta hablar de lo que hago. Me gusta compartir lo que amo hacer. Y eso, considero, es algo muy humano. Por el contrario, no soy como los que dicen "me resulta un poco incómodo hablar de mi obra... de ella que hablen otros, yo no tengo tiempo de esas pendejadas." A mi no. A mi me encanta contar detalles de por qué, cómo, cuándo, en qué momento escribí un libro. Me gusta hablar del proceso de cómo sucedió para que escribiera esto o aquello. Me da buen feelin' mostrar los pasajes del libro que son cómo callejones del corazón mismo de la palabra. Contar por ejemplo:

Ese día, el día que empecé a escribir el libro, me sentía muy cansado. Puede ser porque tenía una gran resaca y unas ganas terribles de comer Pollo Campero o tacos al pastor, quiero decir proteína con mucha grasa. Es probable, también, que haya sido por la mala costumbre de leer correos y revisar el Facebook antes de empezar a trabajar en lo que el día supone. Anyway, empecé a escribir las primeras páginas y terminé borrándolas después de varios minutos de escritura. La mayoría de las veces, borrar páginas o quitar excesos es justamente: escribir un libro. Eso me recuerda a Andrés Caicedo y de alguna extraña manera, a Franz Kafka.

De ese proceso maratónico, que significa escribir un libro, es necesario mencionar que el encierro silencioso es un argumento imprescindible, eso si. Por otra parte, es notable contar que en los momentos de "receso", la música es un elemento vital que todo el tiempo me acompaña. Chopin, Bach, Wagner, Brahms, Stan Getz, Miles Davis, John Coltrane, John Patitucci, Erik Truffaz, Chet Baker, Roberto Negro Trio, Bauhaus, Joy Division, Muse, Porcupine Tree, The Mars Volta, Pink Floyd, Radiohead, Radiohead, Radiohead, son algunos de mis predilectos a la hora de un receso. Como muchos saben, mi libro Arbitraria Muchedumbre (AM), es un libro que está rodeado e inspirado por música. Al final del libro coloqué un soundtrack. Así, de alguna manera, podremos situar al libro como un objeto circunstancial que evoca otras dimensiones además de sólo literatura. En mi libro ALICIA, también lo hago, pero de otra manera: el libro tiene 5 epígrafes, de las cuales 3 son musicales (Charly García, Ian Curtis y León Larregui). Así, sin quererlo, estoy imprimiendo un precedente musical antes de cualquier semántica posible.


En mi próximo libro, A DOS PASOS, abordo el tema de la facilidad lírica funesteriana, en un pequeño homenaje a Jorge Luis Borges, mencionando a Adrián Dárgelos de Babasónicos y Alex Turner de Arctic Monkeys. Y también, vuelvo a reincidir en la "otretad musical", citando a muchísimos referentes musicales dentro del libro; que sin querer, fue adquiriendo muchísimo ritmo a pesar de ser narrativa. Pero es que es inevitable, cualquier cosa que escriba me va a salir muy musical. Creo que en una vida pasada fui músico. O quizás, soy músico frustrado en esta, jeje. Lo que sí es inevitable, es que el libro -entre su dimensión narrativa sutil-autobiográfica y su poesía incrustrada a manera de interlocutor austero- es una pieza cargada de música y ritmo.


Para ello, tengo una presentación muy musical este Martes 31 de Agosto a las 18:30 horas en SOPHOS Fontabella, junto a dos invitados sorpresa con los que estaré conversando de música y otros tópicos, que de alguna extraña y obvia manera, se pueden vincular con los rincones íntimos de mi nuevo libro, del cual les comparto un fragmento:


"El asunto de los dos pasos nunca lo termino de entender, pero es que hay cosas que no deberían de entenderse. Las palabras, muchas veces son, malditos tropiezos y mal intencionadas zancadillas que contaminan los actos con voces innecesarias. Entender significa: regocijarse en el manto solemne de la razón. Por un momento deberíamos de celebrar la precariedad de la insensatez, el arrebato de la estupidez, el desenfreno de la espontaneidad. Los dos pasos son un ejemplo disparatado de posibilidades truncadas por lo circunstancial. Aquel año, sexto primaria, recuerdo estar tumbado, inconsciente, como un difunto que mira a su alrededor y sólo ve sombras, agujas, paredes, ventanas y edificios anestesiados por el pasmo albino de la muerte.


La muerte no es negra,
como se cree, la muerte es blanca.
Muy parecida al color pálido
de las cubrecamas en los hoteles
bajo los efectos de la piel, el ruido y el cloro.



El hospital, recuerdo, padecía del frío inevitable que colinda con la morgue. Las enfermeras corrían junto a los doctores, como en una caravana litúrgica en la que pretendían iniciarme en el rito sinuoso de la muerte. La sonrisa de mi madre, había desaparecido por completo y, durante el trance, me acompañó todo el tiempo sin pronunciar una sola palabra. Hay veces que el lenguaje, es una obligación hosca y burda que pronunciamos todo el tiempo como idiotas. El silencio, por lo contrario, es una enseñanza que deberían de inculcarnos a pequeños y grandes con más esmero.

Ese día, el golpe en mi cabeza fue involuntario, pero dejó una marca voraz en mi vida que no pretendo descartar como lo hice por muchos años sin pensarlo. Años después lo acepté, en un viaje introspectivo al Lago de Atitlán, rodeado de tambores, tufos de marihuana y gringas locas bailando Bob Marley.

El golpe del que les hablo, me permitió reinventarme ésa vez luego de las tomografías.

De eso hace más de 15 años y todavía sigo estando a dos pasos. A dos pasos de lo que pude ser y nunca he sido. Esos dos pasos se abren hacia dimensiones indescifrables. Esos dos pasos son, los dos pasos que nunca di y nunca daré para ser lo que en esta vida he sido.".



Página 18, A DOS PASOS (Vueltegato Editores, 2010)

jueves, agosto 5

FILGUA + LIBROS + XELA + otro vueltegato

Hace alrededor de dos semanas concluyó FILGUA, VII Feria Internacional del Libro de Guatemala, y con eso inició una nueva etapa para Vueltegato Editores, mi pequeña editorial independiente. Pero además, entre sobresaltos personales y sorpresas editoriales, las últimas tres semanas han sido un huracán inevitable de muchas cosas que por momentos son difíciles de expresar en palabritas torpes. Palabritas que no alcanzan. Palabritas torpes. Torpes. Torpes.


La semanita en la que compartimos el STAND #90 con los amigos de Catafixia Editorial: Luis y Carmen, dos excelentes poetas, además; fue una semanita llena de libros, amigos, visitas inesperadas, presentaciones fantásticas, botellas de vinos, pláticas sobre poesía y narrativa, remembranza de lecturas necesarias, lluvia imparable, etcétera, etcétera. Nuestra primer experiencia como editores en una Feria Internacional del Libro fue una experiencia invaluable y fabulosa (tanto así que guardamos el sticker que tiene los nombres de las editoriales, ¡para la posteridad, oh yeah!). La venta de libros estuvo muy bien, pero lo mejor fue el intercambio directo con el público lector de nuestros libros. Ese público que siempre te sorprende y te llena de emociones incomparables. Aún recuerdo a los amigos que llegaron con botella de vino en mano para brindar por los libros publicados y además, se quedaron toda una buena tarde leyendo el LIBRO MONSTRUO de Vueltegato o platicando con Luis sobre el arte de las portadas de Catafixia. También recuerdo las sesiones de Jamiroquai y las pláticas geniales con Federico, Igal, Julio, Alejandro, Javier, Pato, Enrique, Francisco, Chris, Lilly, Lui, Selene, Jacinta, Carolina, Luis, Mako y otras tantas personas queridas que nos acompañaron durante esos 10 días de ponernos en los pies de "vendedores" y no precisamente de "escritores". Fueron 10 días geniales. Gracias a todos por su apoyo.

Por otra parte, aún tengo la estatua de libros inmóviles que compré -más de 30- y espero leer cuando vaya encontrando el tiempo adecuado. Los descuentos de editoriales amigas fueron lo mejor a pesar de los impuestos malsanos que la Gremial de Editores aún pretende acaparar. Pero bueno, esa es arena para otro costal. Entre libros y libros, encontré joyitas fabulosas que poco a poco iré compartiendo con ustedes ya que el tiempo no me alcanza para ir actualizando este blog como quisiera. Pero lo que si quisiera, es contarles sobre mi visita a Quetzaltenango el fin de semana pasado. Fue un fin de semana extraño. Bizarro. Lleno de excesos y personajes sumamente extraños y divertidos.

Me habían invitado a un Festival de Poesía y accedí de inmediato. Lo mejor del fin de semana no fue el festival, sino los siempre amigos xelatecos con los que tengo una conexión ineludible: Marvin García, Julio Serrano, Henning Sac y por alli uno que otro personaje más. Gracias a aquellos, mis ojos descubrieron un sin fin de instantes mágicos de la Xela tan eXtreme. Bares, personas, pláticas, caminatas, idas al mercado, fueron los escenarios perfectos para un fin de semana sumamente poético. Aún tengo los recuerdos y la resaca en la cabeza.

Al final regresé de Xela y todavía estaba en trance. Pero el trance me duró muy poco.

El martes pasado presentamos junto a Rodolfo Arévalo, uno de esos personajes fascinantes de la Guatemala contemporánea y además, editor cultural del Diario de Centro América, el último libro de Alejandro Marré editado por Vueltegato Editores. De la presentación no diré mucho, ya que fue una presentación íntima y fabulosa como la queríamos. Pero eso sí, lleno total como siempre y una delicadeza fantástica por parte del público (Gracias a todos los periodistas por sus excelentes aportes: link)

Lo que sí, es que les comparto un pequeño texto que escribí sobre el libro que se aglomera entre el pasado y el presente de este fabuloso libro: Century Gothic Punto 10.

¡Larga vida Vueltegato, oh yeahyeah!




NONGOTICA



"Escribo escopetas, para darle muerte a los poetas”.
Verso escrito en una pared de un bar, hace 10 años, por Alejandro Marré




Despilfarrar palabras, no es la técnica de Alejandro. Alejandro para nosotros, los que lo conocemos de cerca y sabemos bien de sus encantos. Pero Alejandro también es Marré, y Marré puede ser un alter ego cursi, un personaje oscuro, gótico, que sin dudarlo está hecho de luz: Luz negra. Luz paz. Luz Pop. Este nuevo libro de Marrayo, el rayo de las Gallos, es luz, luz inminente. Pero es que Alejandro es una luz, una luz de mi generación que no cesa de brillar.


Hace más de 10 años, Marré nos hizo temblar con su Manifiesto Marreísta en una lectura de catarsis y revólveres. Aún recuerdo como los invitados, después de haber sido 40 en una sala, terminaron por ser 10. Entre esos 10 se encontraban Sergio Valdéz, José Osorio, Javier Payeras, Josué Eleazar, Pablo Robledo, Básico 3, Jueves, Simón Pedroza. ¡Si!, Simón Pedroza –el enemigo público de muchos–, lo reitera en uno de los mejores libros escrito en los últimos diez años en Guatemala: Ahorcado (Ediciones Mundo Bizarro, 2000); dejando la siguiente insignia en las últimas páginas del libro: /marreismo o muerte/


De esos años, tengo recuerdos que persisten como gemas invaluables. La poesía fue un pretexto para la nueva poesía. Un punch etílico, una marea insólita, una tibia fascinación con el cosmos. Hace unos días, (acá) en mi blog, publiqué una pequeña nota sobre los dos nuevos libros de Vueltegato Editores. Cuando me referí a Alejandro con palabras, mencioné que es un “artista completo y puede hacer lo que se le antoje porque los dioses le dieron permiso para hacerlo”. Esos dioses que le dieron permiso escriben poesía con nuestros actos diarios. Nosotros somos los mejores versos de un poema mayor que tiene metáforas sobre la nada. En Century Gothic Punto 10, la nada es un absurdo constante. Todos los poemas son una celebración a lo contempo, una alucinación honesta de la realidad, una denuncia voraz a los “tranquilos” que dirigen nuestras vidas. Marré en este “pequeño” libro vuelve a brillar como luz que es. Isla. Melancolía sonriente. Melodía muda. Ritual de hora pico y corbata.

En cada poema, encontramos algo de verdad absoluta. Los rincones del poema son afirmaciones de lo cotidiano. La vida se llena de asombro, los lectores nos llenamos de imágenes. Marré es un artista visual que juega con las palabras como si estas fueran muñecas de plasticina viva. Él las moldea con sus manos-escopetas. Las muñecas bailan, se desnudan de tristeza y se dejan caer sobre el papel como pequeños gatos dormidos. Allí son felices las muñecas, en su litera de blanca opalina.

Estas muñecas, que son la poesía de Marré, resultan ser una autobiografía constante y necesaria donde el poeta vive además de hacer su trabajo, facturar impuestos, sufrir de amores impávidos, querer largarse, escribir sobre el suicidio al mismo tiempo que escribir sobre la salvación contemporánea. Los poemas aquí, son sólo pretexto, sólo salvavidas inmediatos, sólo maneras de decir cualquier cosa porque es necesario gritarlo todo a manera de manifiesto, o micheladas.

Micheladas nos tomaremos esta noche. O vino (depende). Seguramente haremos desórdenes pero brindaremos al final de la noche: por la poesía, ¿de Marré? Sí, seguramente.



Pablo Bromo
Guatemala, Agosto del 2010