sábado, 12 de mayo de 2007

dos de dos (penélope/carnaval)

(1)
Me despierto en el alba, soñando no sé qué. Desayuno con lluvia y te recuerdo en el café. Soñé tu figura lejos, esperando en los suburbios del olvido. Y me vi solo, zarpando en barcos de oro que llené con regalos para ti. Y luego vi, que por celos el mar de mis tormentos, se tragaba el barco y áquel loco que era yo. Y todo naufragó.

Qué lejos tú, qué lejos yo. Los escombros de mi vida se deslizan por la lluvia, recordando a Penélope.

Me abandono a las olas, me escupen del mar. Han pasado los años, nadie sabe en dónde estás. Las calles desiertas por la noche y tu cara se dibuja en mi memoria. Los árboles se abrazan, cómo bosques de esqueletos en la lluvia. Y mi sueño naufragó.

Qué lejos tú, qué lejos yo. Llueven lágrimas de menta y me emborracho de amargura, olvidando a Penélope. Qué lejos tú, qué lejos yo. Los escombros de mi vida se deslizan con la lluvia, olvidando a Penélope. Me refugio en las tabernas y me vuelvo taciturno, olvidando a Penélope. Qué lejos tú, qué lejos yo. Lo que queda de mi vida lo malgasto en los tugurios, recordando a Penélope.



(2)
Sería tan fácil siendo lluvia, sólo un roce y tendría que caer. Sería tan fácil siendo monte, que en mi pecho te abrazaría con mi piel. Siempre he estado vivo. Al menos cuando he logrado llegar, a ver el sabor que dejó el temor, de tener que olvidar. Al regresar verás mi carnaval. Al regresar verás, mi carnaval.

Sería tan fácil fingir, que te volveré a ver. Sería tan fácil vivir con la mirada hacia dentro, con los ojos adentro. Siempre he estado vivo. Al menos cuando llegar, a ver el sabor que dejó el temor, de tener que olvidar. Al regresar verás mi carnaval. Al regresar verás, mi carnaval.



(Para este sábado dos piezas maestras, de dos maestros temibles y terribles. Dos chispas insurrectas de la genialidad latina. Una desde la tropical Isla del Encanto, con Draco Rosa. La otra, desde el sur Mágico y Tricontinental, con Claudio Valenzuela de Lucybell)