jueves, febrero 26

Pequeño Escrito con El General de Fondo

Te juro my Baby Baby, que este anochecer será distinto.


Nuestros cuerpos se arrinconarán al ritmo del reguetón y bailaremos estrellas fugaces, quizás constelaciones enteras, al ritmo de Daddy Yankee, Tego Calderón y Pimpinela. Tus brazos interceptarán mis noches más tristes y yo, aún erguido entre la monotonía del absurdo, te veré sonreír y me entregaré a tu fiel engranaje de caderas y pasitos sueltos sobre la cursi y sonora pista de baile. Y sí hay vino, pues beberemos vino. ¡Y sí a lo mejor hay agua mi reina, te lo juro que beberemos agüita pura pero con whisky barato! Agua salida del estanquito de las ganas, agua de mayo, mi agüita amarilla, agua pura que "salva vidas" mi Fueguito Amoroso, vos mi Reina Intrépida.

Ésa agua será el alfa de nuestros omegas, mami. Ya vas a ver cómo ésa agua nos inundará de puras bendiciones; que me oiga mi diosito lindo y querido, porque ésa agua será la cura de todos nuestros buenos males. Agua bendita, agua bonita, agüita rica vos mi mamasita. Los cenotes que están cerca del Petén, llenitos con ésa su agua Maya y pura, nos traerán de ida y vuelta desde el Inframundo de los mundos más adversos. Vos sabrás que ésa agua cura, y yo sabré oxigenarte con mi agua oxigenada de versitos al pie de la letra, letra muda, letra bailable; cómo la canción de El General aquella que suena y suena y suena.


Verás cómo poco a poco nos iremos palpando las manos en la misma pista de baile y los silencios serán exquisitos, tan exquisitos que se transformarán en tibias colmenas de deseo ardiendo por debajo de la ropa de paca, fiel migraña sabrosona que solo le rinde homenaje a la más pura gana vintage naciendo del deseo más perverso; te regalo este verso. Éste verso trae aroma a pino, sudorcito y cumbia. ¡Te lo juro por el mismísimo Cristo Negro de Esquipulas, que a mi ése ritmo de la cumbia no me gusta! Pero me gusta tu cuerpo, tus pies, tu estribillo en forma de exceso y tu rima más nocturna. También me gusta Vallejo, Payeras, las piernas de Elisa Prevot y las catapultas universales que renacen de la punta de los dedos o del tornillo más erecto del mismísimo mundo.


¡Vos sabés, Cosquillita Cósmica, que me movés el mundo cómo la mamá mueve la hamaca donde duerme el niño! También sabés, que vos y yo somos distintos; pero no tan distintos cómo Pinochet o Ríos Montt Junior. A la vez que sabés, que si somos dos puntos equidistantes en la profundidad del sueño, el psicoanálisis jungiano al final de cuentas nos valdrá arquetípicas madres.


¡Y por supuesto que sabés, que sí al final de la noche mientras coincidimos juntos sobre la pista de baile, mi reinita; tu y yo seremos uno mismo cómo Timbiriche, de aquí hasta Barberena, Cuilapa o Sumpango mi más querida y solemne mamasita!

lunes, febrero 23

Cuatro Poemas desde la CarreSelva

Los backpacks se inflan de algodón, las ganas se llenan de ansiedad y Coppertone, las bolsas plásticas duermen en espera del alquitrán tostado, los vinos de caja guardados; la casa-camping empieza a susurrar haikus a los sleeping bags. Una moneda de la suerte, los galones de agua, la cajetilla de Payasos, el iPod cargado, las Rayovac en su sitio y la canastita de Guateplast abarrotándose de sopas, cubiertos, especias, la leche, chocokrispis, el Spam, las barritas energéticas, la sal, el Popol Vuh y el siempre atún. La manita en la wallet, el aire en las llantas, la memoria vacía de la memory stick. Las sandalias bajo el asiento, el aire acondicionado, los puentes de madera, las aldeas sin escuela, las finas estelas de Tikal, El Ceibal, Quiriguá, Yaxhá. Los templos latentes, la selva perenne, la marabunta de monos aullando los nombres de Hunbatz y Hunchoén, el aire caliente, la mirada reverente; las pláticas livianas de la gente. La navaja ensimismada, el silbido de las aves prestadas, la calzoneta en la arena, los puentes con sus castillos de indigente español. Los ríos murmurando piedras, el billón de estrellas, el disparo del hambre y la semi-borrachera; las ganas de gritar tu nombre, Ix, bajo la crisálida agua del vespertino manantial.

La cascada en picada, el agua caliente, las frías corrientes, las Gallos-regalos; el tibio y blando mazapán. Las cantinas sin nombre, el dólar corriente, la carretera que arde bajo las Dunlop, el sudorcito que empieza a recorrer el cuerpo, la marea de risas, el ajetreo de la noche, el millar de mosquitos bailando breakdance en la carpa, las caminatas kilométricas, la serena Oropéndola, el Pizote despiadado que camina sin cesar. El espejo imperdonable del agua, los curiosos peces, el pie de barro, águila blanca, negra la noche bajo el agua del miedo; aullido de besos, caricias locas, rumorcito del desvelo a la hora del atardecer. La altura en la selva, los millones de piedras, las paradas de tienda, el maíz infinito, el conquian de carpa, el flash fotográfico, el brindis simpático; la escalinata infinita al paraíso de tu increíble amanecer.



1

Mono
hermano
mayor
Dador
entre
este
Verde Universo
Verde tu sombra

Mono
Infame
Dios
absoluto
Camino
de sueños
prestados
Pasado cósmico
Trepidante maña

Mono
traidor
Mono
hermano
Miráme desde lejos
¡Por favor miráme!
Aunque sea de reojo
nos miraremos
las semejanzas



2

este manojo
de verde amuleto
que es tu risa y es tu vientre;
tu pálido desvelo, y tu muerte.

me colma
de sombras, también de paz y otras cosas.
me cansa los muslos,
también los ojos, también el pulso.


este griterío
de ramas en la penumbra
me desgasta los miedos,
me arrebata el recuerdo; me quita el sueño.

yo no puedo
decirte cualquier cosa,
tampoco puedo; seguirte los pasos
y saciarme con tus huellas este hambre de pasado.

tu piel
se tersa,
mis civilizadas manos
te palpan completa.
hay diez montículos
en la profundidad de la selva,
que llevan a tu templo;
y no es precisamente
el mismísimo templo
de tu dilatado silencio.



3

Mulato es el sueño,
donde te soñé indio.

La autopista estaba cerrada
por un sin fin de recuerdos.
Y una lenta muchachada se posó a mi lado, me investigó
y te juro, mi amor, que se comieron lentamente mis dedos.
Por último, cuando el estrépito del dolor era inmenso,
yo levanté la espada de mi lengua y te lo juro, sin mentir,
que uno a uno fueron desapareciendo entre lo profundo del silencio.
Uno solo que quedó, tiernamente me dijo al voltearse:
“En estas tierras, papá, tu dolor ni siquiera existe”

Indio es mi cálido destino,
mulato mi ataúd de inviernos.



4

Dormías cuna
En el silencio verde
Un claro de luz
Te inundaba el rostro
Y yo supe verte
Manantial de excesos
Turbia flor de lengüetazos

Dormías cuna
Despertabas rupestre
Un puñado de cocuyos
Se posaron en tu sexo
Hasta hacerse una inmensa luz
Un despiadado reflejo
Yo bebí morfemas sobre el fuego

Uno a uno los orgasmos
gimieron sin miedo

miércoles, febrero 4

Shake It Baby, Shake It!!!

A la sacudida de Febrero, a Huidobro




Este terremoto que es la vida, esta plantilla; esta pantalla de plasma en blanco y negro, este negrísimo silencio. Este magnífico recuerdo privado de candor. Esta amalgama del exceso, está inocencia enajenada, esta perdida sábana; perdida en la elegancia de lo accidental. Me quedo estacionado en tu relicario pecho, procedo a interceptar tu llanto, me abrigo con tu sangre hasta cubrirme de dolor. Me dices “dame baby, la noche es lenta... llená mis frías manos con tu aroma último, quedáte aquí conmigo, te lo pido por favor”. Te veo allí abatida, oculta bajo los escombros; te preparo una infusión de Tilo, te leo un poema de Pavese, te abrazo las ideas y te voy dejando quieta hasta que el tibio y sosegado amuleto de lo horizontal nos resguarde en un rincón. Te quedas pávida, me quedo detenido entre tu aliento; parecemos dos bestias descorazonadas, dos presas de lo incierto. Pero la paz dura poco, siempre hay un rito de arrebatos y más de algún disparo furioso resuena todo el tiempo en la distancia, una marejada de ruidos nos atraviesa el tiempo; un crucifijo se rompe, un sobresalto. Una oscilación rústica nos desbarata, nos hace añicos. Nos cercena el sueño. Quedamos cómo dos muertos sobre el ataúd impreciso de las horas sísmicas. Dos asesinados, envenenados por la ineludible fuerza. Dos asesinados. Dos. “Vos queréme, llená mi noche con tu noche”, me dices.

Yo procuro, en todo caso, salvarte de este arrebato de días y días y balas y cañones en la boca del lobo peludo; peluda la vida. “Mi vida te doy”, insisto.


Y entre esta sensación de remembranza, este aludido cielo en llamas, esta manera de llorar orgasmos en los silencios del olvido; entre este sexo abierto por las pinzas de un temblor de cielo, te voy dando poquito a poco "un poco", mi cielo terremoto. Y en este infierno calientito por los besos que me dan tus versos, me voy quedando inquieto. Y sólo me queda una última destreza, una última insólita proeza: este escribir con ciegas catapultas en la punta de los dedos. En la punta del recuerdo. Hasta volver en sueños, a los leños, que incendiaron las palabras vagabundas al amanecer.