jueves, enero 22

Realismo Sucio, Sexo Mágico

Anoche, tuve un conversatorio en el Centro Cultural de España junto a dos compadres: Luis Alejos y Juan Pablo Dardón. El conversatorio giraba alrededor de la literatura shuca, anglosajona y latinoamericana, con matices de literatura actual guatemalteca; y se titulaba por su referente inmediato: "Realismo Sucio, Sexo Mágico".

Entre los autores que abordamos, se encontraban: el mismísimo Charles Bukowski, Raymond Carver, Henry Miller, J.D Salinger, Bill Burroughs, Jack Kerouac, Estuardo Prado, Javier Payeras, Maurice Echeverría, Carmen Matute y otros tantos más; tan sólo para llegar a conclusiones shucas entre un público tímido y un poco asustado por el tema. Al final, conversamos alrededor de una hora y nos escapamos volando hacia zona 1 a la lectura de poesía y presentación del proyecto editorial La Santa Muerte Cartonera en Guatebala.

La noche estuvo fina. Llena de cerveza, poesía, cumbia y sexo.


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Les comparto un relato que escribí, precisamente para dicha actividad.


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Un día estarás tumbado, allí en un delicioso trance (Jack Kerouac)




El reggae-ringtone de su celular, impidió que acabara en su boca. Maldito Bob Marley, pensé, mientras le alcanzaba un kleenex para que se limpiara los restos de semen que aún le caían sobre su barbilla de muñeca barbie. Se limpió de inmediato, sin decir palabra alguna; y lo primero que hice fue encender un cigarro y recostarme a ver su vagina rasurada.

Alicia también encendió un cigarro y nos pusimos a ver los espejos del cuarto barato del motel. La luz de la lámpara amarilla, caía sobre las sabanitas rosa. Ásperas. Sucias, bastante sucias. En la punta de los dedos, sentía el frío de la noche. Y en la punta de la pija, los restos de su saliva aún tibia, mezclándose con ése olor a cloro de mala marca. En el espejo de enfrente, el humo de mi cigarro se desdibujaba frente a mi silueta; y yo, asesinaba el cigarro con furia mientras pensaba en el cansancio y en la frustración de la eyaculación precoz. Tengo que hacer ejercicio este año, pensé; ésta panza de bolo me está haciendo mierda. Ya no soy el Chinaski que solía ser. Maldito viejo hijueputa. Se las cogía a todas y encima era viejo, bolo, bien feo; y sin pisto. Cualquiera que lo escuchara en un cátedra de Literatura Anglosajona o en un conversatorio sobre Realismo Sucio, pensaría que el viejo andaba cruzado de tragos y que seguramente se iba a morir del hígado, la uretra o el corazón al momento de ir al baño (y para colmo, el hijueputa allí metido con una putita intelectual de ésas que van a los conversatorios con botitas, falda y libro de Kundera o Miller bajo del brazo). Maldito Bob Marley y maldito Bukowski, me dije mientras le alcanzaba a Alicia el cenicero para que apagara su chenca.

Yo encendí otro y me puse a examinar el cuarto barato del motel.

El tapiz de florecitas, más retro que Pimpinela. Los espejos, más viejos que Fidel Castro. Las toallas, más cloradas que las piscinas del Automariscos y en el piso, las botas de marca de Alicia, mis calzoncillos viejos, su blusa amarilla y su morralito de Momostenango abierto cómo quien buscó condones (o el maldito celular) y no encontró nada (excepto el maldito celular). Al lado de la cama, un basurero barato y el intercomunicador enganchado a una cadena negra, más negra que El Libro Negro de Estuardo Prado. La tele, también enganchada a otra cadena y en la habitación de al lado, un ruido maldito de cogedera y cogedera.

–Le están dando duro a ésa puta, me dijo Alicia –yo claramente entendí su sarcasmo. Cínica maldita, pensé mientras apagaba el rojo y tarareaba en mi cabeza aquella rola de Outkast (you crazy bitch, crazy bitch, crazy bitch).
–¿Será que es puta, una su amiga o sólo es un su conecte?, le pregunté.
–A lo mejor las tres, me respondió –había entendido mi cinismo. Maldita perra. Pero al final valía la cena y los vinitos. Una cuata es una cuata y sí sale algo cada vez que nos veamos, pues bien.


Al cabo de un rato, empecé a sentir cómo se me endurecía de nuevo la piocha y me alisté a horadar la tierra prometida. De nada sirvió el intento porque Alicia, ya estaba dormida; más dormida que el corazón de un muerto. Y yo, con el corazón en la punta del machete dispuesto a recortar la milpa.


Entonces encendí un rojo, me rasqué la cabeza y me puse a buscar en su morralito de Momostenango un libro, un folleto, algo. Por suerte encontré un libro de cuentos de Raymond Carver y me recosté en la sabanitas rosa a colorarme las ganas. Leí por dos horas y antes de dormir me masturbé pensando en Susan, la amante de Carver en un su cuento.


De repente sentí, en el sueño, que Alicia me despertaba y me violaba cómo en aquella escena de Factotum de Chinaski. No sé si sea suerte, pero la violación ocurría en el sueño y los de la habitación de al lado, ya descansaban de su maratónica sesión amorosa.


La mañana llegó y cogimos dos veces, una en la cama y otra en la ducha. Luego pasamos a un McDonalds y pedimos dos desayunos completos.

Ésa tarde, recuerdo, fui a un concierto de punk y conocí a Vanessa; una pelirroja tatuada con quien vivo desde hace dos meses y medio.

jueves, enero 15

9 Píldoras de Sueño en la Prontitud del Desvelo

A Eli, Mills y Payeras




( primera píldora )

Ella se busca una canción triste y blanca, por debajo de las tetas cliché que le cuelgan cómo mangos amarillos. Rápidamente se la encuentra, me la entrega. Es una canción triste –y blanca – que tibiamente se me deshace entre las manos y solloza, dejándola a ella entre un infame e irreversible dolor de muelas amalgamas, que la hacen deslizarse hasta encallar en un nefasto y modesto silencio. Yo le hablo obstinadamente, y ella; acondicionada por el pasmo lujurioso de lo inmóvil, más quieta que una bala –cruelmente clavada– en el pecho de las ganas, me mira de reojo y ríe. Ríe sin saliva, pleito o llanto. Yo de espaldas me contengo, empiezo a presagiar las notas de la triste y blanca melodía que aún solloza mientras se disipa cómo arenas movedizas.

Las luces arden y ella sosegada, yo impávido jugando al ciego. Ciego de deseo, deseando la ceguera. Ardiendo junto a las luces y ella sosegada. Toda sosegada. Toda toda.



( segunda píldora )

Prometo arder con vos en el infierno, le aseguro. Vos sólo dame tu deseo, es que mi amor ya está cansado de las eternas primaveras, me confirma. Yo prometo darte mil canciones. Jjuntos haremos una cambalacha, sumergidos en las reafirmaciones de la cama. Nos empaparemos de deleite, navegando por las discrepancias de la ducha. Arderemos entonces en las tropicales profundidades del jardín, en las tibias comisuras de la sala; en los gélidos rincones del tiempo, en las fúnebres alacenas del olvido. Nos pasearemos por los frágiles senderos del miedo, en los témpanos estacionamientos del duelo, arderemos de deseo. ¡¡¡Arderemos juntos, sí, juntos en la calidez del inminente fuego!!!



( tercera píldora )

El fuego de los pueblos, es la humazón mierda que cómo chinga los ojos.



( cuarta píldora )

Dicen que allá afuera hay un maizal ardiendo en llamas. La miseria de este pueblo, se hará tortilla hirviendo en agua shuca, con leña de abatidos huesos del pasado. La sangre no se cambia por sangre. La sangre está escrita, por lo contrario, en las rendijas que dan al lejano horizonte. Ése horizonte llora, llora apresuradamente. Llora por ignorante. Llora porque llora, mientras baila reguetón con la puta más fina del pueblo. Cabal. La más shuca, la más muca, la más cabal de todas: la más puta, y la más fea. Pero buena está, mire papa. Hasta el dedo y no sé que otras cosas le meten por el hoyo de su tristeza. Tratan de llenarla con amor pasado, comprado, rancio, de luto; pero no pueden. Tratan de rellenarla con amor usado, vencido, uuy da miedo pero nunca pueden. Tratan de contrarellenarla con amor cualquiera. Cualquiera sale a la calle y ve el vergueo que se armó por el maizal que está inflado en llamas de sangre no sos mi hermano, indio baboso. Indio mula. No soy yo el que te quemó el rancho mientras se violaba a tu mujer y desnucaba a tus güiros, indio mula. El matón es ése, ése que te ofrece pisto y se roba toda tu milpa. ¡Mirá, cómo le prendió fuego el muy traidor! ¡Andá, paráte... yo te ayudo a quebrarle el culo a ése hijueputa!



( quinta píldora )

Mi amor, mi amorcito. Te juro que si nos vamos al Norte te pongo casa con jardín, chimenea y toda la cosa. Te juro que no nos moriremos del frío, te juro que el amor enterrará nuestro pasado y tendremos güiros sanos y con pisto. Tu lo sabés, mi amorcito, yo por vos hasta me mato y mato al hijueputa que me mató por dentro.



( sexta píldora )

¡Shhst mami, ¿por qué se me quedó tan callada?!

Mire mami, yo a usté la quiero pero a mi lo que me gusta es aderezar la molleja. Bien dicen que Popeye, lo único que quería era sazonar su espinaca con aceite de Oliva. Ya ve mi reina, si yo soy culto, yo sé cosas. ¡¿Qué va a hacer usté si yo no estoy mamaíta?! Quiérame hombre, aquí en este pecho hay puro maíz hinchado de amor del bueno.



( séptima píldora )

Lágrimas de Telma para el Ferrocarril/Semáforo que te marca el Alto. Ni se le ocurra parar un rato, que le dan un filetazo entre los cuatro dedos del vidrio eléctrico. Mejor cierre su vidrio hombre. Mire que aquí la cosa es gruesa. Por un Mazda le huevean sus cosas, le sacan el pisto y le arrancan la oreja de un machetazo. Por un BM lo violan, violan a su güiro y encima les pegan el tiro de gracia en la macheteada jeta. Por un Toyota le quitan los brazos, se llevan su casa para otro país y le matan al perro, al gato y al canario. Por un Mechez mejor ni pregunte, ni mucho menos por un Jaguar. A mi la última vez que me pasó, fue en Petén; pregunté por un jaguar que había visto cuatro meses antes en un mini zoológico de un hotel de ésos ecológicos, y la respuesta del encargado fue: Aaah, pues fíjese usté... que vino un diputado, no mi’acuerdo ahorita el nombre... pues la cosa, es que mando a matar al tigrito para hacerlo en un su churrasco con unos sus cuates militares... así es aquí usté, de un machetazo me lo volé al pobre... después lo que nunca mi’olvido es la mirada del tigrito, si viera como mi’miraba el animalito... uy me dio tristeza ver al gatito muriéndose ahí en el piso... bien echado se quedó y luego matarilis...



( octava píldora )

El estruendo de mi pito, se fue hundiendo en el mutismo de tu fango. La canción de cuna se atolondró de tanto disparo en el desierto. Las balas nos atravesaron. Una lágrima se desplomó del cielo. La noche gimió poemas tristes. Algo de furia bailó en el horizonte. Tu silueta se desdibujó cómo un piano en el enjambre de las distorsiones. Yo te cuido, así cómo cuido tus canciones más frágiles. Te prometo que cuando despiertes, desayunaremos golondrinas de deseo y bailaremos marimba bajo el resplandor de la mañana.



( novena píldora )

¡Shhst, ya no escriba más chavo! Están tirando un pijazo de bombas allá en el desierto y viera, ¡¡cómo duelen ésas mierdas!! Por cierto, a ése su teclado le falta aceite, oiga cómo rechina ésa su mierda.

¡Shhst, que ya no escriba más le estoy diciendo hombre! Me la va a despertar rey, y yo todo lo que me fajé pa’ dejársela bien quietecita! Mire cómo duerme ahí tumbada, puro cachorrito muerto se quedó... y eso que coge como una leona.

lunes, enero 5

Cinco Poemas de Inicio de Año

Muchos se proponen adelgazar, ordenar la casa, dejar el cigarro, el güaro, las drogas duras; terminar la carrera, conseguir trabajo, reorientar su vida; sacar al perro tres veces por semana, ir a hacerse chequeos médicos, leer dos libros por mes, conseguir novia, hacer un blog, sacar (mínimo) un libro, hacer deporte, comprarse a fin de año el carro deseado, ahorrar lo suficiente para viajar con la/el amante, volver a pintar, ir a visitar a los viejos al asilo, tirar la ropa vieja y cambiarla por nueva, hacerse un tatuaje, un pearcing, la lipo, el implante, ponerse las tetas bien grandes; pintarse el pelo, mudarse a vivir sola/solo, meterse al yoga y al cursillo aquel de liderazgo que dan a fin de año.

Muchos se proponen muchas cosas, al igual que yo me propuse las mías.

Para iniciar el año, por ejemplo, me propuse escribir al menos 15 poemas por mes para tener alrededor de 200 poemas a fin de año. Les dejo los primeros cinco:



1

el diablo
no es el diablo
porque soy yo
el que fuma y miente
se desviste y coge
de tus manos,
el olvido envuelto
en sangre y tristeza


2

Su silencio inagotable
me supo a miel de arándanos desde un principio.
Tengo que aclarar, desde éste exilio triste y dulce,
que a mi los arándanos
me valen cómo las fresas le valen a los cholos.

Luego de un tiempo
de entender que ella y yo éramos distintos,
no hallamos más remedio que enredarnos
una y otra vez
en el tibio follaje de la exquisita redención gástrica.


Aún recuerdo
cómo su voz lánguida y distante,
resuena opaca en las alacenas de mi pálida memoria.


3

Indio sos
Fulano de tal
Anonimato de sangre,
Tibia cripta de silencios

Indio soy
Asesino el tiempo
Avivo la leña, día a día,
Que quema mi destino incierto


4

las mariposas
se trenzaron en tu pecho;
un olor a quimera, a fútil saña,
se erigió desde el centro de tu vientre.

vos abriste las piernas,
y yo vi, tiernamente vi,
cómo el tsunami de tu vulva
se tragaba mis palabras decadentes.


5

Tengo que enterrar en tierra firme
este muerto impostor que aún gime.


Él llora, patalea, se busca un papel en la bolsa del saco.
Yo lo pateo, le escupo, le lanzo agravios; le injurio con asco.

Por las noches, mientras él duerme,
le veo respirar en paz y hasta por conmoción, le leo Dalton.
Al cabo de un rato, me dispongo a dormir y él se despierta.
Lanza gemidos, tristes lamentos, viejos e irritantes lloriqueos.
Uno a uno, le voy arrancando los cabellos
mientras le lanzo bofetadas de Keats, Pound o Vallejo.

Él se tranquiliza, queda inmóvil, quieto cómo un santo.
Yo me enfado, me arranco el ripio de mi pecho y lo descargo.


Él llora, patalea, se busca un papel en la bolsa del saco
y empieza a desenterrar al impostor que yace en mi descanso.